Un ambicioso trabajo sociológico del programa E-tic y Acción Social de Caja Rural de Navarra busca dar voz a adolescentes sobre su vivencia digital

El estudio profundiza en los retos de la tecnología a través de la voz directa de los adolescentes, la experiencia del profesorado y el papel fundamental de las familias en la convivencia digital

El entorno digital no es un mundo aparte para los jóvenes, es el escenario donde construyen su identidad, se relacionan y aprenden. Bajo esta premisa, la Fundación Diario de Navarra y E-tic, en el marco de su convenio con Acción Social de Caja Rural de Navarra, está desarrollando un ambicioso estudio regional que busca dar voz directa a quienes mejor conocen los retos de la red, los propios adolescentes.

Este proyecto, que toma como referencia los ya realizados por organizaciones como Unicef, involucra a más de 1.800 estudiantes de Pamplona y su comarca. El objetivo es realizar una radiografía de la relación de la juventud con la tecnología. Tras una fase inicial de encuestas, la iniciativa se encuentra ahora en un punto de inflexión, con la realización de grupos de discusión, los llamados focus group. En estas sesiones de trabajo, profesionales de la sociología se reúnen con grupos de jóvenes para profundizar en los matices, los miedos y las expectativas que todos ellos tienen.

Por ello, lejos de ver los riesgos digitales como problemas individuales, los adolescentes los perciben como desafíos colectivos que afectan a toda su generación. En este primer intercambio de experiencias, al que acudieron diferentes alumnas, destacaron la utilidad de estas sesiones para comprender que sus preocupaciones son compartidas. Entre los hallazgos más relevantes, aparecen con fuerza temas como la suplantación de identidad, la gestión de la privacidad y el impacto del discurso de odio (hate) en las redes sociales. Además, la irrupción de la inteligencia artificial se observa con una mezcla de curiosidad y cautela por el uso indebido que se pueda hacer si no se llega a controlar.

Pero el estudio no solo mira a las aulas. El profesorado también está aportando una visión fundamental en este proceso. Los docentes señalan con preocupación cómo la tecnología avanza a un ritmo mucho más vertiginoso que la capacidad de adaptación de la sociedad y las instituciones, los centros educativos entre ellos. Subrayan que el concepto de familia ha cambiado y que la falta de conciliación dificulta enormemente que los padres y madres puedan realizar un acompañamiento efectivo. Por ello, consideran urgente que las administraciones respalden medidas comunes y claras para los centros educativos.

La finalidad de este trabajo sociológico junto a Caja Rural de Navarra es identificar formas efectivas de fomentar la corresponsabilidad. La cuestión no es prohibir el sistema, sino que centros educativos, familias y su entorno social se impliquen activamente en la construcción de un uso equilibrado y positivo de la tecnología por los y las jóvenes. Escucharles es, sin duda, el primer paso necesario para protegerles de manera eficaz.

El avance hacia una ciudadanía digital responsable y el refuerzo de la protección de los menores en el nuevo ecosistema virtual

El impulso de una ciudadanía digital consciente a través de la alfabetización mediática y el acompañamiento a las familias, un camino que ya recorre el programa E-tic en diversas aulas navarras

El debate sobre la tecnología y la infancia ha dejado de ser una cuestión de horas de pantalla para convertirse en un desafío de derechos humanos. En un mundo donde la identidad se construye tanto dentro como fuera de la red, la sociedad se enfrenta a la urgencia de redefinir qué significa proteger a un menor. La respuesta ya no reside en el control restrictivo, sino en la creación de un entorno seguro que garantice el desarrollo de la personalidad, la privacidad y la integridad de las nuevas generaciones.

Proteger al menor en el siglo XXI significa, ante todo, asegurar su dignidad y su desarrollo. La protección real implica otorgar a los jóvenes las competencias necesarias para detectar la desinformación, gestionar su privacidad y navegar libres de violencias como el ciberacoso o el discurso de odio. No se trata de aislarles del mundo digital, sino de garantizar que tengan derecho a una educación que incluya formación sobre los riesgos y beneficios de las tecnologías.

En este contexto, el marco legal que plantea el nuevo Anteproyecto de Ley Orgánica para la protección de personas menores de edad en los entornos digitales marca un hito social. Esta normativa no solo busca prevenir peligros, sino que eleva el bienestar digital a la categoría de derecho educativo. Entre sus pilares fundamentales destaca la alfabetización mediática obligatoria en las aulas, garantizando que el alumnado aprenda a interactuar con la tecnología de manera crítica, saludable y desde una perspectiva de igualdad.

Otro de los puntos críticos del texto legal es la prevención de violencias sexuales digitales, incluyendo el control sobre el acceso a contenidos perjudiciales y la prohibición de mecanismos que puedan derivar en conductas adictivas. Asimismo, la ley subraya la importancia de la formación continua de los docentes y del personal que trabaja en espacios de ocio, entendiendo que la seguridad requiere una red de adultos preparados para detectar precozmente cualquier situación de riesgo o vulnerabilidad.

Sin embargo, el éxito de esta transformación depende de la implicación de toda la comunidad. El profesorado señala que la tecnología avanza a un ritmo que a menudo supera la capacidad de respuesta de las instituciones, y las familias enfrentan dificultades de conciliación que complican el acompañamiento efectivo. Por ello, la normativa impulsa estrategias que incluyen el apoyo directo a padres y madres, proporcionando herramientas de mediación parental positiva que ayuden a reducir la brecha digital en el hogar.

En definitiva, se trata de construir una ciudadanía digital consciente donde el menor sea escuchado e involucrado como sujeto activo de sus propios derechos. En Navarra, este camino ya se está recorriendo a través de iniciativas que trabajan de forma cercana con adolescentes, centros y familias. Programas como E-tic contribuyen a aterrizar estos principios legales en el día a día de las aulas, facilitando una transición equilibrada hacia el entorno digital que el nuevo escenario legislativo busca garantizar para toda la infancia.

Imagen de Aitor Álvarez de Eulate

Aitor Álvarez de Eulate

Periodista en el Diario de Navarra

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