La digitalización está transformando profundamente las formas de socialización y los hábitos de los y las adolescentes. Así lo constata el profesorado a través del estudio sociológico, aún en desarrollo, impulsado por E-tic junto a Acción Social de Caja Rural de Navarra. Este trabajo busca escuchar también a profesionales de la educación que tratan a diario con los y las menores. Con su percepción sobre las dificultades y soluciones nos confirman una paradoja: los y las jóvenes se desenvuelven con soltura en las plataformas, pero muestran carencias en competencias aplicadas al aprendizaje, la búsqueda de información fiable y la protección ante riesgos de la red.
En esta línea, el profesorado identifica que la hiperconectividad y el consumo continuo de estímulos digitales repercuten en la capacidad de atención y la gestión del esfuerzo del alumnado. La irrupción de la inteligencia artificial emerge como un reto educativo, ya que se utiliza, sobre todo, para sustituir los procesos de reflexión, argumentación o creatividad. Ante este escenario, las escuelas asumen a menudo responsabilidades vinculadas a la convivencia digital debido a una supervisión desigual en los hogares.

La realidad vista desde los colegios y las aulas
Esta radiografía cobra vida diaria en centros como el colegio Santísimo Sacramento de Pamplona, cuyo director general, Iñaki Goldaraz, afronta estos desafíos desde la práctica. El docente corrobora que la era digital corre más rápido que la capacidad de adaptación de los y las profesionales y ha transformado la dinámica escolar. Según explica Goldaraz, las clases tradicionales ya no funcionan igual porque los y las menores pierden la atención en unos pocos minutos, acostumbrados a formatos de consumo inmediato como los vídeos cortos de las redes sociales, una dispersión que diversos estudios vinculan ya con un incremento de los trastornos de atención.
El problema se agrava al analizar la convivencia, un terreno donde el acoso se ha vuelto invisible a los ojos de el equipo docente. El director estima que casi el noventa por ciento de los casos actuales de alteración de la convivencia se producen a través del ciberacoso. Detrás de la pantalla, pierden la empatía que otorga el cara a cara y se exponen a riesgos tempranos como la desinformación o la pérdida absoluta de la privacidad, difundiendo contenidos íntimos sin calibrar el impacto emocional.
Frente al miedo, ejemplo y acompañamiento
A pesar de la complejidad del panorama, Goldaraz rechaza la cultura de la prohibición sistemática y el miedo, tildando de absurdo el intentar poner puertas al campo en el ámbito educativo. El director recuerda que un coche es excelente para viajar, pero se convierte en un peligro si se conduce de forma temeraria y en sentido contrario. Con las tecnologías ocurre lo mismo, por lo que el camino idóneo no es el veto, sino la formación intensiva de docentes, la desconexión programada y el establecimiento de zonas libres de pantallas para recuperar el juego en la calle y el aprendizaje cooperativo.
Para el director del centro pamplonés, una de las claves principales radica en desmontar el mito de los nativos digitales, una etiqueta que considera dañina porque presupone que los y las menores nacen sabiéndolo todo sobre la red, cuando en realidad necesitan ser pautados y supervisados como en cualquier otro aprendizaje de la vida. El papel de las familias es crucial, aunque Goldaraz lamenta que cada vez participan menos en las convocatorias formativas.
Es ahí donde destaca el valor de iniciativas como el programa E-tic, del que su colegio es pionero, gracias a una metodología que trasciende las paredes del aula y obliga a los y las alumnas a llevar las actividades a casa, comprometiendo y educando a los propios progenitores. El reto final pasa por ejercer un verdadero ejemplo digital, ya que nunca aprenderán a moderar el uso del teléfono si observa que sus referentes viven pegados a una pantalla.
¿Adolescentes en casa?
El comienzo de las vacaciones de verano abre un largo periodo de ocio para los y las menores que, a menudo, las familias no saben cómo gestionar para evitar que se convierta en un maratón de pantallas.
El reto para las familias no consiste en aplicar una prohibición absoluta que genere conflictos diarios, sino en fomentar el diálogo y buscar alternativas que compitan con el atractivo del teléfono móvil. Durante el verano, la falta de rutinas provoca que los y las adolescentes recurran al dispositivo por puro aburrimiento, por lo que la clave del éxito familiar radica en anticiparse y ofrecer opciones que llenen ese vacío de forma saludable.
Claves para estas vacaciones
Una excelente manera de empezar es planificar actividades que sustituyan de forma natural ese tiempo libre. El verano es el momento ideal para apuntarles a campamentos de deportes, talleres de artes plásticas o potenciar esos hobbies que no pueden disfrutar durante el curso por falta de tiempo o por la carga de los exámenes.
También es el escenario perfecto para buscar ratos y realizar planes conjuntos en familia que no tengan nada que ver con la tecnología. Se pueden aprovechar los días más largos para practicar algún deporte al aire libre, recuperar los juegos de mesa en las tardes de calor, probar recetas de cocina nuevas o hacer excursiones los fines de semana. Si se comparten momentos divertidos, se consigue reforzar los lazos afectivos y romper ese aislamiento que a veces crean los teléfonos móviles.
Por otro lado, el mundo digital no tiene que ser visto como un enemigo y también se puede compartir con ellos de forma responsable. Por ejemplo pasar tiempo juntos jugando a videojuegos cooperativos o viendo vídeos y series que os gusten a ambas partes. Muchas veces el entorno online sirve de inspiración para la vida analógica, como ocurre cuando ven tutoriales o ideas de manualidades que luego se animan a realizar en casa lejos de los monitores.

A la hora de establecer límites horarios, lo más eficaz es hacerlo a través de una parentalidad positiva y pactada con ellos y ellas. Aunque pueda sorprender, los propios adolescentes suelen ver con buenos ojos que exista un control del tiempo porque les da miedo caer en un uso abusivo, pero al mismo tiempo demandan que se deposite confianza en su autonomía. Por eso, lo recomendable es sentarse a hablar con tranquilidad, preguntar qué uso ven coherente durante las vacaciones y fijar las normas de mutuo acuerdo. Si se sienten que se les escucha y respeta, dentro de unos límites firmes, serán mucho más responsables.
Para evitar que se pierda la comunicación a medida que crecen, conviene interesarse por su ecosistema digital sin juzgarles. Una buena forma de conocer su opinión es conversar a raíz de noticias de actualidad sobre redes sociales. También ayuda investigar por vuestra cuenta qué contenidos ven los y las jóvenes para poder aconsejarles mejor sobre los peligros reales. Esto debe acompañarse de cierta autocrítica familiar, ya que a veces nos descuidamos también del tiempo que pasamos ante la televisión, el ordenador o las consolas. Dar un buen ejemplo en el hogar con todos los dispositivos es el paso definitivo para que ellos adopten hábitos saludables.

