Las cuentas curis se han convertido en una nueva forma de entretenimiento entre los y las jóvenes, pero también han abierto un debate sobre los límites del humor en internet. ¿Qué hay detrás de esta tendencia? ¿Por qué está generando preocupación en los centros educativos y qué riesgos puede esconder?
Las redes sociales no dejan de sorprendernos con nuevas tendencias que rápidamente se popularizan entre los y las adolescentes. Una de las últimas en llegar a los centros educativos son las conocidas como cuentas curis, una moda que ha comenzado a generar preocupación entre familias y docentes.

Se trata de perfiles anónimos creados en redes sociales, especialmente en TikTok, que utilizan el nombre, las siglas o imágenes de un colegio o instituto para compartir memes, caricaturas y vídeos relacionados con la vida escolar.
Desde anécdotas con profesores hasta situaciones protagonizadas por compañeros o compañeras, cualquier momento cotidiano puede terminar convertido en contenido para las redes sociales. Aunque muchas publicaciones tienen una intención humorística, otras cruzan los límites del respeto y se utilizan para ridiculizar, criticar o exponer públicamente a determinadas personas.
Esta tendencia ha llevado a cuerpos de seguridad, como la Policía Nacional, a advertir sobre sus riesgos, especialmente cuando las publicaciones afectan al bienestar de las personas y a la convivencia dentro de los centros educativos.
Cuál es el origen y en qué consiste una cuenta curi
Aunque las cuentas curis se han popularizado recientemente entre los y las estudiantes, su origen está relacionado con los curimomos, un formato de humor digital que empezó a circular hace años por distintas comunidades de internet, especialmente en grupos de Facebook.
Estas creaciones transformaban escenas de películas, series o videojuegos en situaciones humorísticas mediante ilustraciones sencillas, personajes modificados y mensajes satíricos. Con el tiempo, este contenido ha evolucionado y se ha adaptado a plataformas como TikTok, donde los y las jóvenes lo han trasladado al entorno escolar.
Una de las particularidades de estas publicaciones es que no siempre necesitan incluir nombres completos ni fotografías reales. En muchas ocasiones, basta con utilizar un apodo o una referencia a una situación concreta para que quienes forman parte del entorno escolar puedan reconocer a quién va dirigida la publicación.
Además, las herramientas digitales y de inteligencia artificial facilitan la creación de este tipo de contenidos, permitiendo elaborar imágenes y vídeos que posteriormente pueden difundirse con rapidez a través de las redes sociales.
De esta manera, lo que inicialmente puede parecer una forma de compartir anécdotas divertidas entre compañeros y compañeras también puede convertirse en un espacio donde se expone públicamente a otras personas sin su consentimiento.
De TikTok a las aulas: por qué los curis pueden provocar casos de ciberbullying
El problema de esta tendencia no está en crear memes o compartir situaciones divertidas, sino en la intención de las publicaciones, el uso que se hace de ellas y las consecuencias que pueden tener para las personas que aparecen representadas.

Ante esta situación, la Policía Nacional ha recordado que esconderse detrás de una cuenta anónima no elimina las posibles consecuencias legales. Dependiendo de la gravedad y las circunstancias, estas conductas pueden dar lugar a responsabilidades civiles e incluso constituir delitos contra la integridad moral.
Por eso, la solución no pasa únicamente por controlar lo que hacen los y las adolescentes en las redes sociales, sino también por ayudarles a comprender las consecuencias de sus acciones. Es fundamental hablar con ellos y ellas sobre los límites del humor, el respeto hacia las demás personas y la responsabilidad que implica publicar contenido en internet, recordando que compartir una publicación ofensiva también puede aumentar el daño.
Si una persona menor de edad se ve afectada por alguna de estas cuentas, es importante que acuda a un adulto de confianza. También se recomienda conservar capturas de pantalla y enlaces como prueba, denunciar las publicaciones a través de la plataforma y comunicar los hechos al centro educativo.
Porque no todo lo que provoca risas es una broma, y aprender a reconocer esta diferencia también forma parte de la educación digital.

