Riesgos de usar ChatGPT o IA como terapia psicológica 

Usar ChatGPT como psicólogo tiene riesgos reales: dependencia emocional, errores graves y falta de diagnóstico profesional según expertos en psicología.
En este artículo hablamos de:

“Le he contado a ChatGPT lo que me pasa y me ha entendido mejor que nadie. ¿Para qué voy a ir a terapia? Si total…”. Esta peligrosa forma de pensar es cada vez más habitual desde que la IA está cada vez más integrada en nuestro día a día. De hecho, la inteligencia artificial generativa se ha convertido para muchas personas -también para adolescentes- en un espacio donde desahogarse, pedir consejo, interpretar una discusión o intentar entender qué les ocurre. Así lo corrobora una encuesta de la American Psychological Association (APA) sobre Chatbots y Salud Mental 2026: el 77% de los psicólogos afirma que sus pacientes utilizan inteligencia artificial y más de un tercio indica que algunos la emplean como un proveedor adicional de apoyo para la salud mental.

Y es fácil comprender por qué. Un chatbot está disponible a cualquier hora, responde inmediatamente, no juzga (aparentemente) y permite hablar de cuestiones que quizá cuesta compartir con familiares, amistades o profesionales. Pero que una IA sepa mantener una conversación empática no significa que sea un psicólogo.

La propia APA recomienda no utilizar los chatbots de IA generativa como sustitutos de la psicoterapia o del tratamiento psicológico. Pueden tener utilidad como apoyo, pero no reemplazan la atención de un profesional cualificado.

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Por qué muchas personas usan ChatGPT como psicólogo

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La APA advierte de que adolescentes y jóvenes pueden ser más susceptibles a confiar en las respuestas de un chatbot y tener dificultades para distinguir la empatía simulada de una comprensión humana real.

El problema aparece cuando esa herramienta deja de ser un recurso puntual y empieza a ocupar el lugar de las relaciones humanas o de la atención profesional.

Principales riesgos de la IA psicóloga

Refuerzo del egocentrismo y pensamientos paranoides

Uno de los riesgos más importantes está relacionado con la tendencia de algunos sistemas de IA a mostrarse excesivamente complacientes o a validar las afirmaciones de quien conversa con ellos. En psicología y en investigación sobre IA se habla de “sycophancy”, una especie de asentimiento excesivo.

En una conversación cotidiana puede parecer algo positivo: “te entiendo”, “tienes razón en sentirte así”, “lo que te han hecho está mal”. Pero el problema es que validar una emoción no es lo mismo que confirmar que la interpretación que hacemos de una situación es correcta.

Imaginemos a un/a adolescente que piensa que sus compañeros se ríen de él. Un profesional puede explorar diferentes hipótesis: qué ha ocurrido exactamente, qué pruebas tiene, qué otras explicaciones existen y cómo está influyendo su estado emocional en la interpretación. Un chatbot podría, dependiendo de cómo se formule la conversación, reforzar la narrativa inicial en lugar de cuestionarla adecuadamente.

Esto resulta especialmente delicado cuando aparecen ideas de persecución, sospechas, interpretaciones paranoides o creencias alejadas de la realidad. Investigaciones recientes han señalado precisamente la preocupación por los efectos de la excesiva validación de determinados chatbots sobre este tipo de pensamientos.

Falta de diagnóstico clínico y supervisión profesional

ChatGPT puede hablar de ansiedad, depresión, TDAH, autoestima o duelo y proporcionar información aparentemente convincente. Pero no realiza una evaluación clínica.

Un psicólogo no se limita a contestar preguntas, sino que observa la evolución de los síntomas, recoge antecedentes, analiza el contexto familiar y social, evalúa riesgos y decide qué información es relevante. También puede detectar contradicciones, cambios en el comportamiento o señales que una conversación escrita no permite apreciar.

La IA, además, puede equivocarse. Los denominados “errores de alucinación” hacen que un chatbot pueda generar información falsa con un tono completamente seguro. La American Academy of Pediatrics advierte de que los chatbots generales como ChatGPT no fueron creados para proporcionar atención psicológica y que todavía no existen evidencias suficientes para afirmar que sean una herramienta segura y eficaz de salud mental para jóvenes.

Por eso, una respuesta bien redactada no debe confundirse con una valoración clínica.

Riesgo de dependencia emocional y falsa validación

Hay otro peligro menos evidente y es que la IA se convierta en el interlocutor al que se recurre para todo. Si un/a adolescente descubre que el chatbot siempre está disponible, responde con amabilidad y parece comprenderle sin juzgar, puede resultar tentador acudir a él antes que hablar con su familia, amistades o profesionales. El problema es que una relación con una IA no ofrece reciprocidad emocional real.

La APA alerta precisamente del riesgo de que los jóvenes confundan las respuestas programadas con empatía auténtica y de que la relación con estos sistemas termine desplazando conexiones saludables y auténticas en el mundo real.

También existe el riesgo de la falsa validación: sentirse respaldado no significa necesariamente estar recibiendo un consejo adecuado.

Qué dicen los psicólogos sobre la terapia con IA

La Asociación Americana de Psicología (APA) considera a los chatbots de inteligencia artificial generativa como herramientas útiles para tareas concretas, como ofrecer información básica sobre salud mental o ayudar a practicar habilidades entre sesiones. Pero recuerda que no han sido diseñados ni suficientemente evaluados para proporcionar tratamiento psicológico y recomienda a usuarios, profesionales, desarrolladores y organismos reguladores a adoptar medidas que garanticen un uso más seguro de estas herramientas.

La postura de los expertos españoles no es un rechazo absoluto de la inteligencia artificial. De hecho, algunos colegios profesionales están formando a sus miembros en el uso de estas herramientas. Por ejemplo, es el caso del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, que cuenta con un Grupo de Trabajo de Psicología e Inteligencia Artificial que estudia sus posibilidades, riesgos y cuestiones éticas. En 2026 ha organizado formación específica sobre IA y práctica clínica, incluyendo sus aplicaciones en evaluación, diagnóstico y tratamiento, pero también sus limitaciones y riesgos éticos.

El Colegio Oficial de Psicología de Cataluña también está formando a profesionales en IA y plantea aplicaciones como herramientas de apoyo, seguimiento entre sesiones y gestión de determinados procesos, siempre dentro del ejercicio profesional de la psicología.

La idea que se desprende de estas iniciativas es importante: la discusión no consiste en decidir si la IA es buena o mala para la psicología, sino en determinar para qué puede utilizarse, con qué garantías y quién debe supervisarla.

En el caso de los menores, el principio de precaución cobra todavía más importancia. El propio COPM advierte de los riesgos asociados al uso inadecuado de la IA durante la adolescencia y reclama prestar atención a cómo y para qué se utilizan estas herramientas.

Cuándo no se debe usar ChatGPT como psicólogo

Hay situaciones en las que recurrir únicamente a un chatbot es especialmente poco recomendable:

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En estos casos, la prioridad debe ser hablar con una persona adulta de confianza y buscar ayuda profesional. La IA no está preparada para sustituir la evaluación y la intervención de un especialista.

La IA en psicología como complemento, no sustituto

La conversación, por tanto, no debería plantearse como “¿IA o psicólogo?”, sino como “¿para qué puede servir la IA y dónde están sus límites?”.

En un uso responsable, ChatGPT puede ayudar a explicar conceptos psicológicos con un lenguaje sencillo, preparar preguntas para una consulta, organizar pensamientos, buscar estrategias generales de estudio o relajación o ayudar a un/a adolescente a encontrar palabras para explicar cómo se siente. Pero debe ocupar un papel secundario.

Para madres y padres, quizá la mejor estrategia tampoco sea prohibir sin más. La APA recomienda hablar con adolescentes sobre cómo utilizan la IA, ayudarles a comprender que están interactuando con sistemas que generan respuestas y no con personas que sienten o comprenden como un ser humano, y fomentar que mantengan sus relaciones fuera de la pantalla.

La pregunta más útil puede ser sencilla: “¿Para qué estás utilizando la IA?”. A partir de ahí, podemos hablar de qué le aporta, qué información comparte, si contrasta las respuestas y, sobre todo, si el chatbot está complementando su vida o empieza a sustituirla.

Recursos:

Imagen de Saioa Rolán Azcona

Saioa Rolán Azcona

Periodista especializada en Comunicación Digital y Educación.

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