Los ataques en internet no solo hacen referencia al dinero o a la información, sino también a la libertad y la salud psicológica de las personas. Entre los peligros que amenazan estos aspectos se encuentra el cyberflashing.
Origen y significado del término
Según explica la página web pantallasamigas.net, el cyberflashing se produce cuando una persona envía “una imagen de su cuerpo desnudo, sobre todo de los genitales u órganos sexuales, a alguien que no conoce y que no le pidió que lo hiciera”.

Cómo se produce el cyberflashing
Es un tipo de ataque al que estamos especialmente expuestos, ya que se lleva a cabo a través de múltiples redes sociales. Además de las vías habituales en Android como son WhatsApp o mensajes directos en redes como Instagram o TikTok, en el caso de los iPhone la vulnerabilidad aumenta.
Esto se debe a que normalmente tenemos configurado AirDrop para recibir contenidos de cualquier persona. Así, cualquiera puede enviarte una imagen de contenido sexual sin necesidad siquiera de tenerte entre sus contactos. La imagen aparece en tu móvil de forma anónima y, aunque requiere de tu aceptación para guardarse en el dispositivo, se muestra en pantalla una previsualización nítida del contenido. Así, aunque rechaces el contenido, el daño ya está hecho y el atacante ya ha conseguido su objetivo. Muchas personas utilizan sitios concurridos como bares o edificios públicos para compartir sus fotos porque de esa forma es difícil identificar quién es el autor o autora.
Cyberflashing como delito
Como la mayoría de ataques a través de la red, su regulación avanza poco a poco. En el caso del cyberflashing, ya se ha tipificado como delito en países como México o Argentina, pero en otros continúa en un estado intermedio.
Regulación legal en España
En España todavía no se condena el cyberflashing como delito. Sí que es denunciable “la realización o incitación a la realización de actos que atenten contra la libertad e indemnidad sexual o ejecutar actos de exhibición obscena” dentro del artículo 37.5 de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana. Además, si los protagonistas o destinatarios de estas imágenes son menores de 16 años, está contemplado en el apartado 2 del artículo 183 del Código Penal.
Existen distintas prácticas online relacionadas con archivos de contenido sexual, pero tienen matices distintos que resultan esenciales a la hora de identificar lo que nos ocurre o poner una denuncia.

Consecuencias para las víctimas
Como todo tipo de ataque, el cyberflashing supone diversas consecuencias para quien lo sufre. Aunque no se trata de un ataque de carácter económico o reputacional, sí que puede tener efectos secundarios en la salud mental de las víctimas, sobre todo en edades tempranas.
Impacto psicológico y social
Según recoge un recurso de aprendizaje de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), los niños y niñas que se ven expuestos a este tipo de contenidos aprenden de manera distorsionada qué es la sexualidad y cómo deberían ser sus relaciones íntimas. Así, pueden desarrollar expectativas equivocadas y comportamientos sexuales no saludables.
De manera general, su psicología puede verse atenazada con síntomas como un mayor aislamiento, miedos, soledad, culpa o tristeza. Además, por tratarse de un ataque online, presenta las consecuencias derivadas de las TIC como “indefensión, autoinculpación, síntomas paranoides y revictimización”, todo ello debido a la velocidad de difusión de los contenidos y la imposibilidad de borrarlos.
Una de las formas más sencillas de protegerse del cyberflashing es configurar con mayor nivel de seguridad nuestros dispositivos. Para ello, pantallasamigas.net y socialfuturo.com ofrece una serie de recomendaciones:


