Pantallas y retraso del lenguaje en niños y niñas

El uso excesivo de pantallas puede afectar el lenguaje infantil. Conoce causas, señales y qué hacer ante un retraso del habla en niños y niñas.
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Hoy en día es habitual entrar en una casa y ver a un niño o niña con una tablet en las manos, mirando dibujos en el móvil de sus padres o madres mientras esperan la cena o pidiendo “una más” en YouTube antes de dormir. Las pantallas se han convertido en aliadas en momentos de cansancio, en viajes largos o cuando necesitamos terminar una tarea rápida. Es algo normal y hasta comprensible: todas las familias recurrimos a ellas en algún momento. Pero, ¿qué pasa cuando ese uso ocasional se convierte en rutina? Quizá te has dado cuenta de que tu hijo o hija prefiere ver vídeos a conversar, que le cuesta repetir palabras nuevas o que tarda más en empezar a expresarse.

Estas situaciones son cada vez más frecuentes en consultas pediátricas y de logopedia, y muchas familias se preguntan: ¿tienen la culpa las pantallas de que mi hijo o hija hable más tarde? En este artículo exploraremos lo que dice la evidencia científica, cómo detectar señales de alarma, qué otros factores influyen y qué estrategias prácticas pueden ayudarte a estimular el lenguaje en casa.

retraso lenguaje 3 años

¿Cómo afectan las pantallas al desarrollo del lenguaje?

El desarrollo del lenguaje en la infancia depende, sobre todo, del intercambio humano. Cuando el tiempo frente a pantallas reemplaza momentos de conversación, juego y atención compartida, puede afectar la forma en que los niños y niñas desarrollan sus habilidades comunicativas y sociales.

Menos interacción con las pantallas

Los y las bebés aprenden a hablar porque alguien les canta, les repite sonidos, señala objetos y les responde. Frente a una pantalla, esa interacción se reduce: la televisión no responde a las preguntas de un niño o niña ni adapta su lenguaje a lo que necesita escuchar.

Desarrollo más lento en habilidades comunicativas y sociales

Estudios recientes muestran que los niños y niñas que pasan mucho tiempo con pantallas tienden a decir sus primeras palabras más tarde y a tener un vocabulario más limitado que los que pasan más tiempo en interacción cara a cara. Por ejemplo, un estudio publicado en JAMA Pediatrics (2019) concluyó que los niños y niñas de 2 años que pasaban más tiempo frente a pantallas mostraban un desarrollo más lento en habilidades comunicativas y sociales a los 3 años, en comparación con aquellos con menor exposición.

Desarrollo cerebral

No es que las pantallas “estropeen” directamente el lenguaje, sino que desplazan el tiempo de calidad que los y las menores necesitan para escuchar, repetir y experimentar con las palabras. Un ejemplo común: mientras una serie animada puede enseñar el nombre de un animal, lo que realmente consolida ese aprendizaje es que un adulto señale un perro en la calle y diga “mira, un perro, ¿quieres saludarlo?”. Esa experiencia compartida activa mucho más el cerebro lingüístico de un niño o niña que un vídeo visto en soledad.

Retraso en el habla y déficit de atención: ¿hay relación?

Muchos educadores y educadoras observan que el retraso en el habla viene acompañado de dificultades para mantener la atención. No es casualidad. El tipo de estimulación rápida y fragmentada que ofrecen muchos vídeos infantiles puede acostumbrar al cerebro a un ritmo constante de cambios y colores, dificultando la concentración en actividades más pausadas como escuchar un cuento. De hecho, la Asociación Americana de Pediatría (AAP) advierte que la sobreestimulación que provocan los vídeos rápidos y brillantes puede dificultar el desarrollo de la atención sostenida, clave para el aprendizaje del lenguaje y el rendimiento escolar.

Esto no significa que todos los niños y niñas que ven dibujos presenten problemas de atención, pero sí que existe una relación entre la sobreexposición y ciertas dificultades en el desarrollo cognitivo. Además, cuando un o una menor dedica demasiado tiempo a las pantallas, pierde oportunidades de practicar turnos de palabra y de desarrollar la paciencia necesaria para escuchar a otra persona. El déficit de atención y el retraso en el lenguaje no siempre van de la mano, pero comparten un origen: menos interacción humana y más dependencia de estímulos externos.

Otros factores que influyen en el retraso del lenguaje 

Factores ambientales y sociales

No todo es “culpa” de las pantallas. El contexto social y económico también pesa. Niños y niñas que crecen en hogares con menos acceso a libros o con familias que trabajan largas jornadas y tienen menos tiempo para conversar suelen tardar más en desarrollar un lenguaje rico. La televisión puede convertirse en una especie de “niñera” digital, lo que agrava la falta de interacción verbal.

Influencia del entorno familiar

La actitud de las personas adultas es fundamental. Un o una menor al que su familia habla poco o que vive en un entorno en el que la tecnología ocupa gran parte del tiempo libre tiene menos oportunidades de practicar. Incluso pequeños detalles, como tener la tele encendida de fondo mientras se come, reducen la cantidad de palabras que escucha y repite. En cambio, cuando las familias cuentan lo que están haciendo, cantan, leen cuentos o inventan juegos verbales, se exponen a un vocabulario mucho más variado.

¿Cuándo se considera que hay un retraso del lenguaje?

Los especialistas utilizan ciertos hitos para orientarse. Por ejemplo, según la Asociación Española de Pediatría, entre los 0 y los 9 meses, el bebé muestra interés por las caras, responde a la voz y sonrisa de la madre, se sobresalta ante ruidos y comienza a balbucear con sonidos simples. Entre los 9 meses y el año, disfruta de juegos sociales, reconoce su nombre, imita sonidos y gestos, y empieza a usar gestos intencionales (señalar, pedir, saludar). Del año al año y medio, comprende palabras y órdenes sencillas, usa varios gestos, mejora el control oral y empieza a decir sus primeras palabras (mamá, papá, etc.), combinando sonidos en un habla tipo “charloteo”. 

Entre el año y medio y los dos años, comprende nombres y órdenes simples de dos palabras. Tiene un vocabulario de 20 a 100 palabras y empieza a combinar dos (mamá ven, más pan). Aparecen primeras palabras gramaticales y usa el lenguaje para pedir o dar información. Entre los dos años y los dos años y medio, entiende frases más complejas y el plural. Usa frases de tres elementos, plurales, artículos y varios pronombres. Mejora la pronunciación y emplea más verbos, preposiciones y tiempos como el “he comido”.

Entre los dos años y medio y los tres, comprende órdenes de dos o tres elementos y conceptos espaciales (encima, dentro). Usa frases de cuatro palabras, vocabulario de 200 a 1.000 palabras y distintos tiempos verbales. Su habla es bastante clara. Entre los 3 y los 4 años, entiende oraciones largas, usa frases compuestas y un vocabulario de más de 1.000 palabras. Pronuncia casi todos los sonidos y maneja conceptos de espacio, tiempo, cantidad y modo. Comienza a mantener conversaciones y contar experiencias. De los 4 a los 7 años, habla casi totalmente de forma correcta. Usa oraciones complejas y comienza a dominar la gramática narrativa (relatos y cuentos).

Si un niño o niña no alcanza estas etapas en los tiempos esperados, conviene consultarlo. Por ejemplo, si a los 18 meses todavía no pronuncia ninguna palabra reconocible, o si a los 2 años no forma frases simples como “quiero agua”, es recomendable pedir una valoración. No significa necesariamente que exista un problema grave, pero la intervención temprana marca una gran diferencia en el pronóstico. 

retrasos en el habla

¿Se puede revertir el retraso en el habla por pantallas?

En muchos casos, sí. Cuando el retraso se debe principalmente a un exceso de tiempo frente a pantallas y a la falta de interacción, los avances pueden ser notables si la familia cambia las rutinas. Familias que reducen la televisión y aumentan los momentos de conversación suelen notar mejoras en pocas semanas.

Estrategias para reducir el tiempo de exposición

La clave está en establecer límites claros. Decidir que la hora de la comida o la hora de dormir son espacios sin pantallas ayuda a recuperar momentos de diálogo. También es útil evitar que los dispositivos estén siempre a mano. Si la tablet no está en el salón, no será tan fácil recurrir a ella cada vez que el o la menor se aburre.

Actividades para estimular el lenguaje en casa

Nada sustituye a la lectura compartida. Leer un cuento cada noche, aunque sea breve, multiplica la exposición al vocabulario. Los juegos de imitación —como hacer sonidos de animales o representar situaciones cotidianas con muñecos— también fortalecen la capacidad de expresarse. Cantar canciones infantiles, inventar rimas o simplemente narrar lo que ocurre durante el día (“vamos a ponernos los zapatos, primero uno y ahora el otro”) convierten la vida diaria en una escuela de lenguaje.

¿Puede curarse un retraso en el habla?

La palabra “curar” puede ser engañosa, porque no todos los retrasos tienen la misma causa. Cuando el problema está ligado al uso excesivo de pantallas o a un entorno poco estimulante, el cambio de hábitos y la estimulación adecuada suelen ser suficientes. Sin embargo, en algunos niños y niñas el retraso está relacionado con otras condiciones, como problemas auditivos, trastornos del desarrollo o factores genéticos. En esos casos, se necesita apoyo profesional, pero incluso entonces la intervención temprana mejora enormemente las posibilidades de avance.

Recomendaciones de expertos y pautas según la edad

Las principales organizaciones sanitarias coinciden: los bebés menores de 2 años no deberían usar pantallas. De hecho, la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha elevado este rango de edad de los 2 a los 6 años: “Cero pantallas hasta los 6 años y solo una hora al día entre los 6 y 12”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) coincide en que la exposición prolongada afecta negativamente al desarrollo físico y cognitivo de los y las menores, y enfatiza la importancia de fomentar el juego activo y el descanso de calidad. Entre los 2 y los 5 años, el límite recomendado es de una hora al día, siempre acompañados de una persona adulta que les ayude a interpretar lo que ven. A partir de los 6 años, se aconseja establecer horarios claros y priorizar el sueño, la actividad física y las interacciones sociales.

Estas pautas no buscan demonizar la tecnología, sino asegurar que el tiempo frente a la pantalla no desplace lo realmente importante: hablar, jugar, explorar y compartir experiencias.

Uso responsable de pantallas y desarrollo sano

Las pantallas forman parte de la vida moderna y es imposible eliminarlas por completo. El objetivo, entonces, no es prohibirlas, sino usarlas de forma equilibrada. Ver un programa infantil con tu hijo o hija y comentarlo juntos puede ser una experiencia enriquecedora, siempre que no sustituya a otras formas de comunicación.

El desarrollo del lenguaje se nutre de la relación humana. Cada conversación, cada canción y cada cuento compartido construyen los cimientos del habla y del pensamiento. Si como madre o padre dudas de si está tardando en hablar, la mejor decisión es pedir orientación profesional. Mientras tanto, reducir pantallas y aumentar momentos de diálogo es un paso seguro hacia un desarrollo más sano.

Recursos

Imagen de Saioa Rolán Azcona

Saioa Rolán Azcona

Periodista especializada en Comunicación Digital y Educación.

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